3653 días

3653 días

Que diez años no son nada, que diez años pasan a la misma velocidad –aunque a veces no lo parezca- en Cáceres que en Valladolid. En Tenerife que en Toledo. En Colonia que en Barcelona. Diez años desde el 2007 hasta hoy, 3653 días que así suena más espectacular. Ese es el tiempo que ha transcurrido desde que en un domingo 22 de abril sufrí un desgraciado accidente que me dejó de por vida –ojalá no y la ciencia avance- es una silla de ruedas.

Creo que todos los que me conocen, personalmente o virtualmente, conocen mi historia. En Tenerife el Real Valladolid ganaba por 0-2 y ascendía a Primera División. Yo, como tantos otros, salí a celebrar la gesta a la Plaza Zorrilla de Valladolid con la mala suerte que una caída fortuita me seccionó parte de la médula espinal a la altura de la vertebra C5/C6 causándome una lesión medular y dejándome prácticamente tetrapléjico.

Mucho ha cambiado desde ese día. Los doctores no daban un duro por mí, ni siquiera pensaban que pudiera salir con vida después de que en la UCI de Toledo se me produjese una pancreatitis. Pero aquí estoy. No contaban con que –aunque suene mal decirlo- tengo más cojones que un toro de lidia, además de una familia y amigos luchadores a más no poder. Desde el minuto uno en el que comprendí mi nueva situación decidí echarle ganas a la vida y tirar para adelante como fuera, y si tenía que llevar la contraria a los médicos se la llevaría, si tenía que hacer fisioterapia constante la haría.

Estuve en Toledo 8 meses en donde una doctora le dijo a mi familia que iba a ser un mueble y que solamente iba a mover la cabeza. ¡Bendita ignorancia! Llegué a Cáceres y comencé a hacer rehabilitación –y sigo haciéndola diez años después- y empecé a mejorar poco a poco. No os voy a aburrir contando lo que hacía o hago porque no es esa la intención de este texto.

Me surgió la oportunidad de viajar a Colonia para probar un tratamiento con células madres que no funcionó, y reciénteme -2015- estuve en Barcelona siguiendo un tratamiento de fisioterapia intensiva con el que, a base de echarle ganas, conseguí “aprender” a pasarme de la cama a la silla y viceversa con una minúscula ayuda. No está mal para alguien que o viven no iba a salir vivo o bien iba a ser un mueble ¿no? Pero quiero empezar a contar el motivo de estas líneas.

Este texto no es para ensalzarme como luchador, ni ejemplo de nadie porque no soy ni lo uno ni lo otro, ni tan siquiera es para decir aquello de “a mal tiempo, buena cara”. Es para daros las gracias a vosotros. Sí, las gracias. No encontraréis nombres propios en las siguientes líneas, pero a buen seguro que a cada persona o personas a las que va dirigida se verá identificada. Perdón si se os hace tedioso y perdón sobre todo si me olvido de alguien, 3653 días dan para mucho, y por suerte en ese tiempo me he encontrado con multitud de buenas personas.

Gracias a ese chico que me sacó de la fuente cuando me estaba ahogando. Gracias a esa chica que desde el segundo uno comprendió lo que me había ocurrido y no dejó que nadie se me acercara en la Plaza Zorrilla. Gracias a ese hombre que puso su pie para que hiciera las veces de almohada hasta que llegara la ambulancia. Gracias a ese amigo que se inventó que era mi novio para que le dejaran pasar a verme hasta que llegara mi familia desde Extremadura. Gracias a esa enfermera, extensible a todo el equipo,  de Río Hortega que me trataron de maravilla los primeros días tras el accidente. Gracias a ese médico que me operó y que gracias a él salió la operación mejor de lo que pensaba.

Gracias a esos 10/15 amigos que día tras día se pasaban las horas en aquel hospital para no dejarme nunca solo. Gracias al que me llevaba las pelis y las series, al que me contaba las novedades del pueblo, al que a pesar de haber fallecido su padre días antes estuvo ahí. Gracias a todos ellos la estancia en Valladolid se hizo soportable. Gracias a los padres de esos amigos que también estuvieron allí. Gracias a mis tíos y tías que no se separaron de esa cama. Gracias a esa prima que me decía: “tranquilo, son dos días más”. Gracias a ese primo que iba todos los fines de semana a verme, y a esa novia que tiene, que aunque nos habíamos visto una vez y no nos habíamos caído bien, me llevaba toda clase de regalos. Gracias a esa prima que a pesar de ser una enana estuvo ahí. Gracias a ese primo que se metía un montón de kilómetros para verme. Gracias a ese primo, que a pesar de ser un despiste, siempre me sacó una sonrisa. Gracias a ese amigo de instituto que no dejó que me viniera abajo en ningún momento.

Me vais a permitir que dé las gracias más claras a cuatro personas. Gracias a esa madre que puso el carro en marcha y que no ha parado de luchar. Gracias a ese padre que era el único familiar de los ingresados en la UCI de Toledo que estaba a las 8 de la mañana para verme solamente 5 minutos. Gracias a ese hermano que con 13 años sacrificó su verano para estar a mi lado. Y gracias a ese abuelo que me alegraba cada segundo que pasaba conmigo en ese Hospital.

Gracias a esa doctora de la UCI que me sacó para arriba cuando todo pintaba tan negro. Gracias a esas auxiliares, enfermeras/os y celadores que me trataron con mucho cariño y que me hacían perrerías para alegrarme la jornada. Gracias a esa chica de Cuenca que me regaló una pulsera y que me alegraba la vista, y gracias esa auxiliar de prácticas que me la alegraba aún más. Gracias a ese  fisio que me ponía las corrientes y al fisio que me informaba del fútbol. Gracias a esa terapeuta ocupacional que no se rindió conmigo y que me enseñó, entre otras muchas cosas, a escribir con las dos manos.

Gracias a ese entrenador de fútbol que ahora triunfa en Eibar por decirme: “si nosotros hemos ascendido, tú puedes salir adelante”. Gracias a esa plantilla de color blanquivioleta que siempre se ha preocupado por mí. Gracias a ese jugador paisano que me fue a ver a Toledo. Gracias a ese jugador a punto de retirse que también me visitó. Gracias a ese jugador vasco que jugaba en Austria por acordarse en multitud de veces de mí. Gracias a ese delantero vasco que me dedicó el gol de la permanencia en 2008. Gracias a ese portero que lloró como si yo fuera de su familia, y gracias a ese otro portero que se preocupó de mí en tantas ocasiones. Gracias a ese relaciones públicas que siempre está ahí a pensar del tiempo. Gracias a esos médicos, delegados y utilleros que cada vez que aparezco por Valladolid me tratan como uno más.

Gracias a la afición de cierto equipo castellano que nunca me ha fallado y que me hace sentir uno más de ellos a pesar de ser extremeño. Gracias a ese gente de cierto foro que organizaron dos torneos de peñas para recaudar fondos. Gracias a todas las peñas y al presidente de dicha federación por acudir al torneo. Gracias al amigo que subía a los Anexos a verme en bici. Gracias al amigo, presidente de una peña, por donar la recaudación de la lotería a mi causa. Gracias a ese amigo que me preparó una sorpresa virtual por el quinto aniversario del accidente. Gracias a esos ultras que han organizado mil y un evento con el fin de ayudarme. Gracias a los integrantes de cierta casa, en especial su presidente y familia, por acogerme como un hermano.

Gracias a ese amigo que me regaló a Dori. Gracias a esos tres “cabrones”· que fueron a verme a Toledo y acabamos emborrachándonos. Gracias a esas dos hermanas que me visitaron y me hicieron reír. Gracias a ese amigo amante de los caballos que no faltaba ni un domingo. Gracias a ese amigo que me “obligó” a salir de fiesta por primera vez. Gracias a ese amigo que me recogía en casa y me llevaba después de una buena fiesta. Gracias a los “locos” que me llevaron desde Pasarón a Arroyomolinos andando -3 km- después de una verbena. Gracias a cada una de las personas de cierto pueblo que me dieron una sorpresa en las fiestas. Gracias a los que firmaron aquella camiseta. Gracias a ese amigo artista que hizo una exposición benéfica a mi favor. Gracias a todos los amigos de toda la vida, que no ya no me han dejado nunca solo, sino que me han tratado como si nunca hubiera pasado nada a pesar de tener que cambiar planes por mi situación. Gracias a esa chica de León que se enamoró de mí –y yo de ella- y que me hizo ver que todavía era un “chico”.

Gracias a ese fisio que llegó como un extraño en diciembre de 2007 y que ahora es como un hermano mayor. Gracias a ese otro fisio que luchó a mi lado un año y que me llevaba al baloncesto. Gracias a esa auxiliar que lleva en casa ya muchos años y que es como de la familia, al igual que gracias al auxiliar que lleva una año, pero que también es ya parte de la familia. Gracias a ese doctor tan importante que sigue mi caso y que me ha acogido como un hijo.

Gracias a el amigo que me llevo las redes sociales de Ayúdame a andar. Gracias a ese chico que me creo la página. Gracias a ese chico que creo el logo. Gracias a todos los twitteros que se involucraron en la campaña y además de compartir aportaron su granito de arena. Gracias a esa productora de cine que hizo una barra libre benéfica. Gracias a esa academia de baile que ayudó a recaudar. Gracias a esa profesora de instituto que hizo un espectáculo para aportar más ingresos. Gracias a ese grupo de música que dio un concierto. Gracias a todas las asociaciones de personas con discapacidad por aportar su trabajo para que pudiera vender sus productos. Gracias a todos los amigos tanto míos como de mi madre que gastaron su tiempo en organizar eventos para sumar más ingresos. Gracias a los ultras y a los aficionados de cierto equipo verdiblanco por idear formas para estar más cerca de llegar a la meta. Gracias a los futbolistas, actores y actrices, cantantes, modelos… que compartieron la campaña. Gracias a esas peluqueras por echar una ayuda en la recaudación. Gracias a el programa de fútbol que se interesó por mi caso. Gracias a todos los medios que me entrevistaron, se interesaron por mi caso y le dio difusión. Gracias a los fisios de cierto centro que me hicieron sentir en casa cuando estaba lejos. Gracias a ese amigo que estuvo conmigo esos meses en Barcelona. A esa familia que nos trató a mi madre y a mí como si fuéramos perteneciente a ella.

Gracias a ese amigo que siempre tiene un detalle en cumpleaños y Navidades. Gracias a los amigos que me han regalado a Nemo. Gracias a ese amigo catalán que me hace reír con sus tonterías. Gracias a todos y cada uno de los twitteros y twitteras, algunos muy especiales, que forman mi TL y que me aguantan cada día con mis cosas de fútbol. Gracias a ese jugador verdiblanco que me dedicó un gol y se acordó de mí.

Gracias a todos los que he nombrado, gracias de corazón. No sé si me he quedado a alguien, de ser así que me perdone.

Aunque hayan pasado diez aún me queda mucho por vivir y me queda mucho que dar a las personas que lo merecen. Yo no me voy a rendir, voy a seguir luchando y echándole huevos a la vida. Nunca he tirado la toalla y no voy a empezar a hacerlo ahora. Aún me quedan muchos sueños por cumplir como el de conocer Roma o el más difícil de realizar: tener una oportunidad para trabajar en el mundo del fútbol.

Espero que todos los que me han acompañado estos 3653 días, me acompañen como mínimo otros 3653 más. Gracias de nuevo por todo. El show debe continuar. Y no olvidéis: “no nos ocurre nada que no estemos preparados para soportar”.

Antonio Aragoneses.

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